Ven a Galicia - Xacobeo 2010
Abadía de Samos
 
 
 
 
Carisma

Sentido de la vida monástica, contemplativa y orante, en el mundo actual.

La sociedad actual está muy marcada por un pragmatismo que lo invade todo, que valora preferentemente lo que tiene una utilidad y un provecho inmediatos y tangibles, arrinconando, en cierta medida, los auténticos valores del espíritu. Los hombres de hoy comprenden aquellos institutos religiosos que desarrollan una labor social: enseñanza, atención a enfermos, a pobres, etc, pero les cuesta entender a los religiosos y a las religiosas que, en la soledad de sus monasterios, oran y trabajan en silencio.

¿Cuál es el cometido principal de esos monjes y esas monjas? En primer lugar, dar gloria a Dios, que, como creador y señor del universo y de todo ser humano, se le debe honra, gloria y alabanza, pues somos criaturas suyas, y a Él le debemos todo. Con esa dedicación tan exclusiva, con esa vida tan enfocada a Dios, los monjes proclamamos de manera bien manifiesta que todo hombre debe dar gloria y alabar a Dios, y buscar su cercanía mediante la oración. Y esa alabanza y esa comunicación con Él debe ocupar un lugar esencial en la vida de todo creyente. Además puede convertirse en motivo de reflexión para aquel que duda o niega la existencia de Dios.

Pero no solo eso, los monjes con su oración piden ayuda a Dios e interceden por todas las necesidades más acuciantes de los hombres. Si el cristiano es consecuente con su fe, ha de creer plenamente en el poder y eficacia de la oración. En el Evangelio, muchas veces aparece Jesucristo invitando a sus oyentes a que acudan a Dios, y a que recen unos por otros. Es una auténtica forma de apostolado.

Por otra parte, y formando un todo con sus momentos fuertes de oración, el monje y la monja cooperan en la construcción del mundo actual con su trabajo callado y silencioso, a la vez que se hacen solidarios del mundo del trabajo. En la actualidad, no son pioneros, como lo fueron antaño, en el ambiente de la cultura, de la agricultura, en la acción hospitalaria, las entidades civiles y los religiosos destinados exclusivamente a la enseñanza o a la atención a los enfermos, etc, han tomado el relevo. En cierto sentido, habían desarrollado muchos de esos trabajos como una labor de suplencia, al no existir institutos religiosos dedicados de manera específica a ellos. Su carisma fundacional no se los había planteado ni se los exigía.

Los monjes actuales, sin aquel protagonismo de tiempos pasados, continúan ofreciendo una contribución más modesta a los diversos campos de la cultura y del trabajo en general. Y, empalmando con la tradición hospitalaria se siempre, ofrecen un servicio humano y espiritual, por medio de las hospederías monásticas, propio de su condición de monjes: brindan a los hombres y a las mujeres de buena voluntad el poder participar de sus valores espirituales en un clima de hermandad, paz y silencio. La hospedería monástica favorece y permite que el huésped, alejado de su ambiente habitual, reflexione sobre sí mismo y se abra a los verdaderos valores del espíritu. Los monjes siempre consideraron la acogida del huésped como una labor muy suya, y en la actualidad, en una sociedad tan agitada y materialista como la nuestra, cobra una importancia insospechada.
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