Ven a Galicia - Xacobeo 2010
Abadía de Samos
 
 
 
 
Historia y Arte

Monumento al P. Feijoo

Un amplio jardin ambienta el severo recinto, presidido en su centro por el monumento al P. Benito Feijoo. La efigie del ilustre polígrafo benedictino sobre el recio pedestal cúbico, de pie y apoyado en un sillón mientras en su mano izquierda sostiene una antorcha, entona perfectamente con la sobriedad arquitectónica del conjunto. Esta obra del escultor gallego Francisco Asorey fue inaugurada en 1947.

La comunidad samonense, a finales del siglo XVII, despliega una intensa actividad cultural y religiosa, en decidida ascensión hacia la cumbre de su historia en el siglo XVIII. La mayoría de sus abades poseen grados académicos e incluso algunos han regentado cátedras de filosofía y teología en colegios benedictinos. Tres obispos y tres catedráticos de la Universidad de Salamanca salen de sus claustros.

Pero el monje más preclaro de la abadía por su ciencia es el P.Feijoo, gloria y honra del saber enciclopédico de su tiempo. Con sus obras Teatro Crítico Universal y Cartas Eruditas, se proponía combatir los errores del vulgo y elevar el nivel cultural de España.

De arista es la bóveda de la planta baja, y únicamente presenta piedra de cantería al apoyarse en el muro. Varios recuerdos arqueológicos, lápidas y escudos de piedra han sido incrustados, con posterioridad, en sus paredes: una clave de arco con una cruz de tipo asturiano; un fragmento de un escudo de la abadía; lapida Regium Cenobium, testimonio de la restauración de 1541.

Además ostenta dos escudos reales, que pertenecieron a otras edificaciones: el de Carlos V como rey de España, y el de los austrias, a partir de Felipe II. También presenta una lápida sepulcral del abad de Samos y luego obispo auxiliar de Plasencia, P. Alonso García de Losada, muerto en 1684, que nos recuerda que varios monjes samonenses alcanzaron la dignidad episcopal: tres durante el siglo XVII, y tres en las dos centurias siguientes.

Claustro gótico o de las Nereidas

Un amplio arco carpanel nos pone en comunicación con el segundo claustro, más antiguo y recoleto: el claustro gótico o de las Nereidas. Fue construído sobre las ruinas del anterior de estilo románico, destruído por un incendio a mediados del siglo XVI.

El contraste con el claustro de Feijoo es muy notable. De una bóveda de arista caleada, sin ornamentación alguna, se pasa a otra de piedra muy trabajada, con nervadura y abundantes claves.